Toda era llega a su fin, y la del hotel-casino Trump Plaza lo hizo el pasado 17 de febrero. Inaugurado en 1984 en Atlantic City, ciudad de casinos regentados por grandes ejecutivas, el Plaza se convirtió en uno de los casinos más importantes de la ciudad vacacional por excelencia de los magnates de Nueva York. De hecho, en la década de los 90 Atlantic City era el único lugar al este del país en el que era legal apostar, lo que trajo consigo que la ciudad se convirtiese en el segundo centro de juego de todo Estados Unidos, solo precedido por Las Vegas.

Decenas de casinos operaron en Atlantic City en esta época, tres de los cuales estaban en manos de Donald Trump. Con el inicio del nuevo siglo, estos espacios de ocio y entretenimiento mantuvieron su hegemonía, llegando a alcanzar unos ingresos de más de 5.000 millones de dólares en 2006. No obstante, la democratización en el acceso a internet y la popularización de los operadores de juego online, que ponen a disposición de los usuarios una amplia gama de juegos de casino como el blackjack, la ruleta, los juegos de tragamonedas o diferentes variedades de póker, terminaron por poner en jaque el sistema implantado en Atlantic City. De esta forma, muchos de los casinos se vieron a obligados a cerrar sus puertas, mientras que otros cayeron inevitablemente en la bancarrota. Este último escenario es el que vivió el Trump Plaza, así como los otros dos casinos propiedad de la misma empresa matriz en la ciudad. Tan crítica fue la situación, que se dice que el Plaza no tenía presupuesto ni para taburetes en sus últimos meses en activo.

De esta forma, el hotel-casino, una poderosa torre de 39 pisos con más de 600 habitaciones para huéspedes, quedó abandonado a su suerte durante años. En 2016, el inversor y empresario estadounidense Carl Icahn, también conocido por sus cuantiosas donaciones a diferentes instituciones educativas y sanitarias estadounidenses, adquirió el complejo al estar este incluido en la compra de la compañía Trump Entertainment Resorts, la cual había experimentado varias bancarrotas desde 2004.

Icahn no hizo nada con esta propiedad y poco se sabía de ella hasta ahora, tan solo que estaba en muy mal estado a nivel estructural, tanto que los vecinos de la zona llegaron a interponer denuncias por el desprendimiento de cascotes. Precisamente el peligro que representaba para la ciudadanía fue el motivo que propició su demolición, algo que el alcalde de Atlantic City, Marty Small, venía reclamando desde hacía tiempo.

La demolición se efectuó el pasado miércoles 17 de febrero entre gran expectación. Tal era el interés por ver cómo el Plaza era derruido que cientos de personas pagaron alrededor de 10 dólares para estacionar su vehículo en un aeródromo cercano y asistir en directo al fin del popular hotel-casino. Operarios de Atlantic City fueron los encargados de colocar las cargas explosivas (más de 3.000 cartuchos de dinamita) y activarlas para llevar a cabo la demolición controlada de la construcción. El jefe de bomberos de la ciudad explicó a los medios que estas cargas se colocaron en lugares estratégicos para que el peso de la estructura la hiciera caer sobre su propia base de manera vertical con una ligera desviación hacia el nordeste.

Con la desaparición del Plaza, la ciudad da un paso más en su intento por separarse de su pasado como segundo centro de juego del país, algo complejo si tenemos en cuenta que Atlantic City sigue contando en la actualidad con decenas de casinos en su territorio, entre ellos el Hard Rock, antiguo Taj Mahal y también en manos de Carl Icahn tras la compra de Trump Entertainment Resorts.

Por el momento, Icahn, que continúa siendo propietario del terreno, no ha hecho ninguna declaración de la naturaleza del proyecto destinado a sustituir al Plaza. No obstante, el alcalde de la ciudad declaró en varias entrevistas que espera que la nueva construcción esté destinada a un uso mixto.

 

R. Franco
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